El veterano de la Segunda Guerra
Mundial, Edward Romero ojeó las páginas del libro "Un Legado más
Grandioso que las Palabras" y se sintió orgulloso de formar parte de
los soldados latinos de Arizona mencionados en el libro.
El libro de 344 páginas incluye 425 resúmenes de historias y
fotografías de hombres y mujeres que fueron entrevistados para el
Proyecto de Historia Hablada sobre los Latinos y Latinas
Estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial.
El proyecto en curso, el cual espera publicar otro libro, está
bajo la dirección de Maggie Rivas-Rodríguez, profesora de periodismo en
University of Texas en Austin.
Para Romero, de 81 años de edad, el libro le trajo recuerdos sobre
su vida como soldado. Durante una visita que se le hizo en su casa
ubicada al Norte de la Ciudad de Tucsón, él compartió historias y sus
medallas incluyendo dos Menciones Presidenciales y dos Corazones
Púrpuras (Purple Heart).
En 1943, a la edad de 17 años, se alistó en la Marina dejando
Mammoth, Arizona para partir a San Diego donde comenzaría su
entrenamiento básico. Terminó su entrenamiento en maniobras anfibias en
el Campamento Pendleton en California.
Fue enviado a Roi-Namur en las Islas Marshall. También estuvo en
acción en Saipán, Tinian e Iwo Jima donde fue herido dos veces en
batalla.
"Nos reunimos en el océano en un tractor anfibio", recordó Romero
de las miles de tropas que se preparaban para la batalla en Roi-Namur.
"A varios de ustedes los matarán. Muchos de ustedes serán heridos.
Muchos de ustedes regresarán. Recuerden, tenemos una tarea qué
cumplir", recitó Romero las palabras del jefe de su sección, palabras
que están grabadas en su memoria.
El joven soldado vio de todo. Mató a soldados enemigos y vio morir
a tropas norteamericanas en los campos de batalla. También vio cómo
mataban los bombardeos a civiles y cómo a otros los llevaban como
prisioneros.
Combatió durante casi un mes en la isla de Saipán. Fue ahí donde
un soldado compañero, quien recibió un balazo en la cabeza, falleció en
los brazos de Romero antes de que él desembarcara del tractor anfibio.
El 19 de febrero de 1945, Romero aterrizó con Iwo Jima y en la
playa fue herido por una esquirla que se le quedó en el brazo
izquierdo. Fue evacuado a un barco de tropas; ahí permaneció para
recibir tratamiento.
Días más tarde, las tropas escucharon por la radio que la bandera
de los Estados Unidos sería izada en Mount Suribachi. Romero se
encontraba dentro de los que pudieron subir a la cubierta superior del
barco. "Podíamos ver la isla y vimos desplegar de la bandera a
distancia. Fue algo maravilloso", agregó Romero al recordar el sonar de
las campanas y bocinas de la flota de barcos. "Fue muy emotivo".
Se volvió a reunir con su compañía en Iwo Jima aproximadamente una
semana después y el 11 de marzo de 1945 sufrió una conmoción cerebral
explosiva durante la batalla y se despertó en un hospital de campo; ahí
permaneció hasta que fue evacuado a un hospital barco que navegó hasta
Guam. Con el tiempo volvió a reunirse con su división en Maui y más
tarde fue enviado a los Estados Unidos para terminar sus servicios en
la guardia.
"Me siento muy orgulloso por haber servido a mi País cuando me
necesitaba. Muchos de mis compañeros no regresaron. Este es el precio
de nuestra libertad", aseguró Romero, miembro de la Cuarta División de
Lucha de la Marina de la Segunda Guerra Mundial, así como de la Liga
del Cuerpo Marino.
Más de 750 mil méxico-americanos prestaron sus servicios en la
Segunda Guerra Mundial, informó Rivas-Rodríguez. Ella comentó que se
inspiró en documentar las historias de los hispanos y sus experiencias
en los tiempos de guerra y en los esfuerzos de la post guerra, ya que
desde el punto de vista histórico no se ha hecho mucho.
Nos informó que ella se percató de esto en 1992 trabajando como
periodista para el Dallas Morning News. Estaba haciendo una
investigación para un artículo sobre los méxico-americanos y los
derechos civiles dentro de la generación de la Segunda Guerra Mundial.
"Casi no encontré nada sobre los latinos, punto", expresó
Rivas-Rodríguez quien inició el proyecto de historia hablada en 1999
con estudiantes de periodismo, así como voluntarios de todos los
Estados Unidos que realizaron entrevistas con veteranos hispanos de la
Segunda Guerra Mundial.
Desde entonces, más de 600 entrevistas se han llevado a cabo y
Rivas-Rodríguez comentó que tienen planes de publicar un libro revisado
dentro de dos años. "Todos estos veteranos cuentan. Su patriotismo y su
sangre cuenta", aseguró.
Mientras tanto, los organizadores de Defiende el Honor, una
campaña nacional para asegurar que los latinos se incluyan en los
informes históricos de la Segunda Guerra Mundial, protestaron contra la
reciente serie de Ken Burns de 15 horas de transmisión en la PBS sobre
la Segunda Guerra Mundial. El documental original no incluyó la
contribución de los hispanos ni a los nativos americanos.
Se les incluyó en el film después de que la crema y nata de los
latinos, incluyendo a periodistas, profesores de historia, congresistas
y organizaciones de veteranos se reunieran con Burns y ejecutivos de la
PBS a principios de este año para exigir que se incluyeran.
Se añadieron al documental 28 minutos, entrevistas con dos veteranos latinos y un nativo americano.
ENGLISH VERSION
World War II veteran Edward Romero leafed through "A Legacy
Greater Than Words" and felt proud to be among Arizona's Latino
soldiers mentioned in the book.
The 344-page book features summaries of 425 stories and photos of
men and women interviewed for the U.S. Latino & Latina WW II Oral
History Project.
The ongoing project, which expects to publish another book, is
under the direction of Maggie Rivas-Rodriguez, a journalism professor
at the University of Texas at Austin.
For Romero, 81, the book stirred up memories about his life as a
soldier. He shared stories and his medals, including two Presidential
Unit Citations and two Purple Hearts during a visit to his home on
Tucson's North Side.
In 1943, he joined the Marines at age 17, leaving Mammoth, Arizona
and headed to San Diego for basic training. He completed training at
Camp Pendleton, California with amphibious maneuvers.
He was shipped out to Roi-Namur in the Marshall Islands. He also
saw action on Saipan, Tinian and Iwo Jima where he was wounded twice in
battle.
"We assembled in the ocean on an amphibious tractor," recalled
Romero of the thousands of troops who readied for the battle at
Roi-Namur. "Many of you will be killed. Many of you will be wounded.
Many of you will come back. Remember, we have a job to do," said
Romero, reciting the words of his platoon leader that are ingrained in
his memory.
The young soldier saw it all. He killed enemy soldiers, and saw
U.S. troops die on the battle fields. He saw civilians who were killed
from bombings and others taken in as prisoners of war.
He fought for about a month on the island of Saipan. It was there
that a fellow soldier, who was shot in the head by enemy fire, died in
Romero's arms before Romero disembarked from an amphibious tractor.
On February 19, 1945, Romero landed on Iwo Jima and was wounded on
the beach by a piece of shrapnel that imbedded in his left arm. He was
evacuated to a troop ship and remained there for treatment.
Days later the troops heard by radio that the U.S. flag was being
raised on Mount Suribachi. Romero was among those who could walk to the
top deck of the ship. "We looked onto the island and saw the unfurling
of the flag from a distance. It was a beautiful site," said Romero,
recalling bells ringing and horns blowing from the fleet of ships. "It
was a very emotional time."
He rejoined his company on Iwo Jima about a week later and on
March 11, 1945 he suffered a blast concussion during battle and woke up
in a field hospital where he remained until he was evacuated to a
hospital ship that set sail for Guam. He eventually rejoined his
division in Maui and then was sent back to the States completing his
service on guard duty.
"I feel proud that I served my country when my country needed me.
Many of my comrades did not make it back. That is the price of our
freedom," said Romero, a member of the Fighting Fourth Marine Division
of World War II, and the Marine Corps League.
Up to 750,000 Mexican-American men served in World War II, said
Rivas-Rodriguez. She said she was inspired to document the stories of
Hispanics and their wartime experiences and postwar efforts because
historically not enough has been done.
She said she found this out when in 1992 as a journalist for the
Dallas Morning News she was doing research for an article about
Mexican-Americans and civil rights around the World War II generation.
"I found hardly any information on Latinos, period," said
Rivas-Rodriguez who began the oral history project in 1999 with
journalism students and volunteers across the United States who
conducted interviews with Hispanic World War II veterans.
Since then, more than 600 interviews have been done and
Rivas-Rodriguez said there are plans to publish a revised book within
two years. "All of these veterans count. Their patriotism and blood
counts," she said.
Meanwhile, organizers of Defend the Honor, a nationwide campaign
to assure that Latinos be included in World War II historical accounts,
protested Ken Burns recent 15-hour series on PBS about the war. The
original documentary did not include the Hispanic and American Indian
contributions.
Their addition to the film came about after Latino top guns,
including journalists, history professors, congressmen and veterans
organizations, met with Burns and PBS executives earlier this year
demanding their inclusion.
Twenty-eight minutes, interviews with two Latinos and one Native American veteran, were added to the documentary.
● Contacte a Carmen Duarte al 573-4104 o al e-mail: cduarte@azstarnet.com